Mascotas


JAQI Y LEGO,  MIS MASCOTAS

Mis fieles mascotas son dos Springer Spaniel ingleses, Jaqi, la princesa de la casa y Lego, el príncipe patudo. Mis regalones dicharacheros son dulces como el almíbar y alegres como una sinfonía de campanitas repicando. Son muy activos, juguetones, ágiles y corriendo igualan al viento.
Jaqi tiene un pelaje negro y blanco, abundante, grueso y brillante. Como buena coqueta que es, goza cuando la cepillo o le corto el pelo. Lego es como un pompón de pelos largos achocolatados y blancos.
A diferencia de otros perros de la misma raza, Jaqi y Lego gozan de tener un rabo largo y elegante pues aquí en Suecia, está prohíbido cortarles las orejas y las colas a los perros.


JAQI - NEVER ALONES BRING ME LUCK
Jaqi llegó a casa, traída por sus criadores, el aciago día del atentado a las torres de World Trade Center de Nueva York.
En el kennel donde nació sus criadores le dieron el nombre “ Never Alones Bring Me Luck ” y de sobrenombre Lucky. Nosotros la llamamos Jaqi.

Jaqi era una cachorrita vivaz, rebozante de energía y de una belleza enorme.
Demás está decir que le gustó la cómoda cuchita que le había preparado, aunque por supuesto, su disfrute fue muy fugaz pues sin demora, haciendo halago de su dulce pero firme caracter, se subió distraidamente al sillón mirándome de reojo y allí se apoltronó con aire majestuoso. Entonces supe que Jaqi ya me había ganado su primera batalla. En escasos minutos, este ser tan pequeñito me había conquistado por completo con su inteligencia y su fingido aire de audaz distraída. 
Nuestra conexión fue inmediata, me seguía a todas partes e inteligentemente se paraba espectante a mi lado cada vez que yo hacía un alto.



LEGO ES COMO EL TORO FERDINANDO, LE ENCANTA ENCANTA OLFATEAR LAS FLORES
Lego por su parte llegó a casa cuando tenía 16 meses. Para recogerle tuve que viajar tres horas y media en tren hasta Gävle, una  ciudad ubicada al norte de Estocolmo.

Con la familia que lo vendía concertamos encontrarnos en la estación central de trenes. Hasta allí viajé un día domingo, el tren iba repleto de gente joven y alegre, la mayoría estudiantes que volvían a casa para pasar las vacaciones con su familia.

A mi arribo, la vieja estación de trenes me recibió con un tumulto de colores y de gente que se saludaba y daba abrazos. Tanta era la algarabía y el trajinete que decidí esperar.

Cuando la estación comenzó a recuperar su desnuda quietud, descubro junto a la puerta de entrada a la familia que me esperaba con el perro. Me enamoré de él de inmediato, era grande, macizo y tenía una gallarda estampa.
Me acerco, saludo a la familia y luego miro al perro, cuyos ojos almendrados y grandes denotaban desconcierto e inquitud. Su desinterés por mi persona fue total. Tote, así le llamaban, presentía que se avecinaba algo desconocido. Yo intuí su angustia y a lo único que atiné fue a agacharme primero, arrodillarme después y rodearle su cuello con un abrazo a modo de saludo. Fue entonces cuando Tote movió su regia cola por primera vez.



A JAQI TAMBIÉN LES GUSTAN LAS FLORES
Los criadores me preguntaron en que lugar había estacionado el auto y si había traído una jaula. Me comentaron que Tote estaba acostumbrado a viajar solamente en auto y además dentro de una jaula. Yo les contesté que había llegado en el tren rápido.
Pasado el asombro imperceptible que suele suscitarse en momentos así y sin mucho más prolegómenos, me entregaron los papeles en donde constaba que el perro se llamaba Jessilla´s Golden Heart, que estaba vacunado, tenía su chip de identificación y había sido revisado por un veterinario.

Los niños de la familia estaban muy ristes, sabían que no volverían a ver a Tote, discretamente me alejé del grupo y di espacio y tiempo para que los chicos se despidieran de su perro. La escena me conmovió y despertó en mi una gran pena, me recuperé un tanto cuando su mamá les dijo que el otro perro los estaba esperando en el auto. 
Acto seguido toda la familia me acompañó hasta el andén, se despidieron y se marcharon a toda prisa. Así quedamos solitos Tote y yo haciéndonos mutua compañía por vez primera.

Al cabo de unas horas de espera, en una quietud que rayaba en la pesadumbre, llegó el tren, lo abordamos y Tote y yo emprendimos viaje rumbo a Estocolmo.

En el vagón, comodamente instalados, habían ya otros ocho perros y cinco gatos con sus respectivos dueños.
Ni bien el tren empezó a alejarse de la estación Tote despertó abruptamente de su letargo. Estaba descontrolado, gemía, se subía y se bajaba del asiento, saltaba a la mesa y se bajaba, cruzaba el angosto corredor de un lado a otro una y otra vez, pasaba por arriba de los pasajeros y miraba a un lado y a otro girando su cabeza rapidamente.
Tote estaba desesperado de angustia y yo estaba apavorada, no lograba distraerlo ni con palabras dulces y ni siquiera con esas bolitas manjares que le encantan a los perros.

Los otros perros, inquietos ante lo que estaba sucediendo, comenzaron a asomar sus cabezas por aquí y acullá. Sus dueños estaban irritados e indignados conmigo, algunos me miraban con cara de asombro y otros con cara de pocos amigos. Nuestras conductas eran ajenas a todo lo conocido por estos lugares. El ambiente estaba muy caldeado pero a pesar de ello, me animé a decir en alta voz para que todos oyeran, que había comprado al perro  hacía apenas unas escasas dos horas atrás.

La reacción que mis palabras suscitaron fué mágica, las caras se distendieron, algunos sonrieron y fueron muchos los que se acercaron para acariciar a Tote y convidarle con galletitas. Ante esta manifestación colectiva de cariño Tote se calmó, se acurrucó, se durmió y viajó todo el trayecto dando unos ronquidos descomunales.

JAQI, nuestra hermosa princesita

Ya en Estocolmo tomamos otro tren rumbo a casa. Al llegar, Jaqi, curiosa y amigable como siempre, lo recibió olfateándolo de oreja a rabo y de rabo a oreja. En esa rápida indagación descubrió que Tote era un perro y no una perra. Admirada por su descubrimiento olfateaba a Tote, luego venía a mí a paso cortito y apresurado y me miraba, se daba vuelta en un brinco y volvía a Tote para olfatearlo. Tote parecía una estatua viviente, estaba inmutable pero su mirada atenta mostraba complacencia ante la algarabía que Jaqi le desmostraba. Jaqi también lo comenzó a tocar con su patita, a lo que Tote levantó su patota y la bajó sobre el lomo de Jaqi haciendo que ella se desplomara en tierra.

Yo, sin perderme detalle comtemplaba complacida aquel recibimiento eufórico. La pasividad de Tote me asombraba y estaba sorprendida por los giros vivaces y los contorneos del cuerpo de Jaqi. Al cabo de un rato comencé a reirme ante la ridiculez de mis pensamientos, reía en silencio mientras pensaba si era Jaqi la que movía su cola o si la cola la movía a ella.

Tote había sido criado en un medio rural por lo que estaba acostumbrado a buscar su comida como así también a cazar. Durante los dos primeros días su desgano era total, estaba triste y no le apetecía comer nada. Al tercer día se me ocurrió humedecer su ración de comida y ofrecérsela de mi mano, de esta manera comenzó a comer. Comía un poco y luego bebía del agua de su tacho a pequeños sorbos, después de cada sorbo daba un paseíto por toda la casa dejando regueros de comida y agua por doquier. Si alguien hubiese venido de visita a casa durante esos días seguramente habría pensado que yo, había comprado un chanchito en vez  de un perro.

El estado de las cosas fueron tales, que un día le vociferé: Tote, esto se acabó. Creedlo o no, Tote entendió perfectamente de lo que se trataba e imitando a Jaqi, a partir de ese día empezó a comer de su tacho.

A los pocos días decidimos darle otro nombre y con las mismas empezamos a hacer una una lista larguísima con nombres de dos sílabas que nos gustaban. Después leíamos en voz alta la lista de nombres y fuímos descartado aquellos nombres que no tenían fuerza ni sonido pegadizo.
Lo curioso fue que nos pareció que Tote reaccionaba con un mmm´hhh´mmm  cada vez que pronunciábamos el nombre Lego. Esto nos pareció irracional, no podíamos creer que el perro pudiera reaccionar de esa forma, así que, por muy absurdo que parezca, probamos leer la lista una y otra vez. Tote reaccionaba de la misma manera cuando leíamos el nombre Lego. Así fue como él mismo con su mmm´hhh´mmm determinó y consintió que lo llamáramos Lego.

LEGO, nuestro hermoso príncipe patudo

Jaqi y Lego son sencillamente únicos, como decimos en casa, ambos son fuera de serie. Pasear con ellos es un placer, una fiesta diaria para toda la familia. Nos acompañan en todas nuestras aventuras, les gusta viajar en tren y en avión aunque los tramos sean largos, pero por sobretodas las cosas, les encanta viajar en auto, siendo ellos los primeros en subirse y ubicarse al lado de la ventanilla.
Con ellos viajamos en la "Tía Verde", nuestra Chrysler Voyager, recorriendo más de una vez la costa atlántica de Estados Unidos desde Nueva York a Miami, ida y vuelta. También viajamos con ellos en tren por toda Suecia, Dinamarca y el resto del continente europeo.

Jaqi ha sido en todo momento una guía ejemplar para Lego, le ha enseñado sus pequeñas mañas y todas las artes que sabe, salvo una que mantiene solamente para ella, la de recoger el correo que trae el cartero. Lego ha entendido perfectamente que lo de recoger las cartas es cosa de Jaqi así que él se tomó otra tarea, la de esconder los zapatos cuando llegamos a la casa y la de traerlos cuando sabe que vamos a salir.

Ambos son excelentes observadores y rastreadores,  reconocen y asocian hasta el más mínimo sonido, saben todo acerca de las rutinas de casa y las rutinas de la casa de cada vecino. A la hora exacta, y sin que nadie les anime a ello, salen al jardín y esperan para ver pasar a los chicos que salen de la escuela. A los niños les encanta que los esperen y se acercan a la cerca para saludarlos haciendo del momento una fiesta de risas que se repite día a día.

Tanto Jaqi como Lego nos colman diariamente con demostraciones de cariño y nos sorprenden constatemente con su inteligencia, vivacidad y astucia.

Y por hoy Amigos los dejo, espero haberlos entretenido con este relato sobre Jaqi y Lego, nuestras fieles y queridas mascotas.

Hasta entoces, Theté/Silvia Regueira

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